jueves, 15 de abril de 2010

Atadura



Golpéame pero desángrame,

No me dejes así,

En la mitad del círculo, donde soy una fisura,

Donde cae justo en mi pecho cada pedazo de cielo roto.

Suspenso cotidiano, cruel e insolente…

Estoy caída sin antes haberme elevado.

Tan miserable se puede ser como este frío suelo que quema mi espalda.

Mis lágrimas caen en cristales adheridos a una condena,

Condena de muerte, ausencia de la plenitud sentida en segundos

De un supuesto amor exacerbado por el aliento de la destrucción.

Las heridas son témpanos caídos hacia mi cabeza,

Desde ésta montaña de invierno…

Mis sueños, oh! Sueños?

Podrían salvarme? Quizás en otro espacio…

Los dejé atrás… junto al deseo de volver a ese lugar,

Aquel donde podía plasmar mis huellas sobre blancas arenas sin nunca ser borradas,

El sol no enceguecía tanto, y se podía sentir sin ningún temor en el rostro inofensivo.

La oscuridad de la noche embriagaba mis ojos de constelaciones y viajaba a través de la luz hacia estrellas ocultas, tomaba un puñado de ellas, las guardaba en los bolsillos y eran mías...

Tanto que hasta en los amaneceres podía hacer de ellas presencia,

Y brillaban siempre, como hipnóticas diosas.

Si hoy muriera, al infinito quisiera preguntar ¿cómo volver a ese lugar?...

Aunque en la tierra no lo pueda hallar…

Quisiera saber en qué fallé para haberme sido negado el derecho de estar ahí…

Tan solo ha quedado en mi recuerdo,

Cierro los ojos para volver a sentir que regresé,

La fantasía es difusa, aunque en ella encuentro a veces, solo a veces, algo de calor,

Algo de refugio, algo de mí.

Lejana mi vasija quedó sin rosas, desdibujando su perfume

Dejándome las espinas y los pétalos secos,

Rasgando mis pupilas, ya sin agua.

El ahora, ese ahora tan vano recuerda que mi destierro sigue allí,

Arrojándome a una cueva sedienta,

El ahora te trajo consigo, a ti, ávida atadura…

Temerosa red de cuerpos sangrantes,

Infierno funesto con figura de instinto,

Espejo… en mi propio “mas allá”,

Déjà vu de dolor y olvido.

jueves, 18 de febrero de 2010

AutoEspectro

Regurgitó esa noche la lluvia velos encendidos de espacios intrusos…
Arrastrándose por la frente un secreto de infausto pavimento, tortuoso hasta la ceguera.
Hermético fenómeno… acaso inamovible?,
Ya no sé cómo describir aquel momento.
En un sueño se posó mi vida,
Mis temores y demencias partidas en trozos
De imágenes coloridas.
Fantaseé más de lo debido, más de lo deseado!
Pero, eso era realmente quien soy?… todavía me pregunta la voz indeleble que sacudió mi cuerpo en ese instante.
Giré en superficie borrascosa, con sed de misterio,
Luego el aire se tornó carmesí, como mis labios incomprendidos.
Maldije mi memoria, al impedir el recuerdo de aquellas palabras. Entonces, desperté… y cayó al abismo su presencia.

Musical, infinita




Ligera pasa imperdonable,
Sonora y maniática prontitud extraviada.
Manchando apacible las ondas secretas.
Soy música! Pronuncia sutilmente entre íntimas letras,
Aunque no tenga que hablar…
Respondí, creo respondí… que hiciera de mi un manantial,
Revuelto de rarezas anormales… y a solas.


Ella, solo ella…. sin cantar, clama
Sin bailar… conmueve en estremecimiento hasta el más frío corazón.
Cada noche se convierte en bosquejo de alguna estrofa,
Transportando el alma nómada hacia un sedante de melodías,
Y pinta los vacíos con huellas de rimas, o versos entonados.

Instrumentos que se tiñen en vicios, sin obligadas voces,
Tan rebeldes sus tonadas.


No la describo, es imposible… imposible por aquel que ha disfrutado
Su propulsión en los oídos,
En la piel misma de la perdición.
Por quien la apetece ciegamente frente a latitudes apartadas,
Sintiendo, no interpretando.


Esquiva razones, cifras, durezas…
Solo es libre, vuela, se extiende entre alucinaciones al nido que abriga sus melodías,
En ti, en mi… y nuestra boca desfigurada.

Cuan hermosa creación fue, es y será…
Nos lleva a otra cuna, apartados de formas básicas,
Y adivina el lecho de pasiones.
Tan hermosa, increíble, único amor y
Eterna.

OhhLuna


No arrulla en la constelación, sosiega en la tierra.
Presente su cuerpo canta con voz propia,
Flamantes agujeros, no astronómicos…
De heridas de vida.
Quererle… como princesa, en éste suelo
Mortal, presente, palpable, inquietante, irascible,
Ajeno a ella pero de frente a su palacio…
Si alguien pudiese explicar ese cuerpo de forma individual…
Tal vez no sea en la astronomía de la imagen que han desfigurado
Los mortales vagabundos e insensibles,
Ni aún en la metodología teórica de su mente,
Sino desde ese interior bañado en tinta de colores,
Desde esos ojos que fulminan con su miel, para bien o para mal…
Para quedarse atrapado o no querer volver a respirar…
Desde sus cabellos electrizantes, con un fuego que se aparta del mal común,
Desde la blancura de su rostro, con chispas acarameladas…
Desde su abrazo cálido, sus dedos largos, con aquellas uñas pintadas de inocencia…
Y una sonrisa que dispara la más violenta fantasía de amar…
Ella es: Ohh Luna!, no es la luna,
Es la mujer, la posible
Aquí…
Con su mundo
También
En el mío.



jueves, 28 de enero de 2010

Perdida suavemente entre acordes y voces hiptónicas


Seductora, blanca y roja, a veces negra...
vida
infierno
y verdad...
Maldición
posesión...
inquietud delirante y esquiva,
cómo te deseo...
Eres jaula y yo presa de ti...
Implacable padecer.....