
Recuérdame sin sitio,
No me recuerdes por sinapsis,
Por azar…
Sueña en soledad conmigo,
Congela la luna,
Besa el frío,
Habla con mi silencio.
Recuérdame sin tiempo…
Cierra los ojos…
Mírame atascada entre tu lengua,
Recuérdame…
Sin ausencia.

Pude ser telón de paisajes frescos, en la obra que se supone, jamás renacería…
Tonada en sus yemas, y arpegios que mermaron el dolor de antiguas grietas…
Luego vino esa ilusión entre sus dedos,
Los recuerdos en la sangre,
La figura perfecta humedeciendo sus labios,
Saboreando el cielo…
Calor exhausto de encenderse hasta la cúspide del deseo.
Renací en esos ojos de viento y casualidad…
Hubo sol aún dentro de las estrellas,
Destello excepcional recorriendo hasta las uñas…
Su voz…melodía irreparable de ilusión,
Perfecta, desmesurando mí aliento,
Arrancándome la conciencia.
Tantos abrazos como mi pecho pedía,
Algunas madrugadas de licor y miradas perpetuas,
Música y humo,
Roces atrevidos.
Ser para su sed como él para mi ahogo…
Un culto al secreto…
Volví a ver mi reflejo en el cielo,
Aferrarme a la esperanza,
Sentir de nuevo un reposo, aunque fuere efímero,
Respirando el alba en su memoria,
Aprender que caminar, sin certeza, pero irresistiblemente segura,
Me reconcilió con mi rostro ajeno,
El mundo cupo en mis manos por una milésima…no de tiempo,
De respiros…
Me sumo al sonido de tu voz apagada,
Me sumo al quebranto de nuestros cuerpos sin vida,
Me sumo a tus caricias muertas,
Me sumo al vértice de tu mirada ausente,
Me sumo al aroma débil de tu sudor,
Me sumo a tus prisas distantes,
Me sumo a la noche de esencias sutiles,
Me sumo al gemido escondido entre nuestro aliento,
Me sumo a tu silencio,
Me sumo a tu olvido,
Me sumo a tu adiós,
Me resto de ti.


El tiempo congelado y usado,
Simplemente mi destino.
Todo lo intento,
Mis ojos no observan la quietud de las constelaciones.
Desierto sin rumbo, me atrapa, me quema…
Un cielo sin color, como ebrio de los días ligeros.
Recorro la arena,
Golpeo las piedras con mis pies lastimados,
Cada vez voy perdiendo mi sombra.
No soy dueña de mí,
Transeúnte convulsionada en el oscuro viajar del pasado…
Soy solo una substancia de huesos que palpita y fallece.

Grita, grita, grita, grita, libera ese aliento que arde…
Maldita cárcel de anzuelo recogiendo desventuras,
Pero jamás, tú advenir tenue de calma.
Desvístete, tu, solo tu… como las voces del silencio…
Y abrázate a ti misma, respira esa piel aún blanca y temerosa.
Arrástrate al otro lado de la orilla,
El río te traiciona, tropieza con tus lágrimas y la corriente crece,
Pero allí está tu otra mitad, tan sola como tú.
Acaricia esa ausencia y provoca al viento lleno de furia,
Contener su grito de olvido…
Ingenua has sido, presa de tu propio engaño,
Ahogada en tu propio pantano…
La burla del destino has de saldar…
Tan solo grita, grita por dentro,
Escúchate,
Calla afuera,
Y no menciones amor…
Fiebre adherida al sudor,
En estas frías horas,
Compañía indestructible,
Un suspiro en medio del verso inconsciente…
Eres nostalgia y ráfaga de saliva,
Alimentando mí deseo.
Puedo olerte, acariciarte y revolcarte.
Puedo matarte y revivirte,
A mi antojo,
Sin alma,
Constreñida en un rincón de fuego.
Respiración que cautiva cerca a los labios,
Una dulce asfixia,
Su sensación inquieta de libertad,
Sabor a prohibición.
Mía, tan mía,
Sedante alucinante,
Perfume nocturno,
Delicado roce y esencia de placer.
Enredas mi pelo,
Cobijas mi pecho,
Te arrastras entre mis dedos…
Hermosa y sonriente me abrazas,
Te sueño y caes al borde…
Serena y cierta.
Se sentaba mi suave silencio y llegaba la brisa desplegada de sueños,
Sin contaminarme.
Tenía un corazón hermoso, pero frágil,
Cuán frágil, que por ello hoy ya no queda ni la ceniza de su ventana,
Puente de azules cielos.
Yo era quien vestía al universo de tacto,
Hacía nacer pequeños brotes húmedos,
Bebía cuando el sol me atravesaba los párpados,
Y podía alejarlo por largos segundos.
Era yo,
Una rosa sin sangre,
A donde germinaban pequeñas gotas de añoranza, solo que sus huellas se dirigían,
Hacia él… mi felicidad.
Fue la ironía quien se encargó de bautizarlo con un nombre,
Lejos de lo comprendido y de la excusa de comprender…
Si hubo algo en ese ayer que es debido arrojar, es la cercanía a la condena del pensamiento.
Morí en el pasado,
Ahora muero por vez segunda,
Cuando creí ocupar el vano y ronco espacio,
Y las mariposas aprendían a volar.
Fui un soplo de lujuria
Serenidad …. Voz tenue
O algún abrigo coincidente en el camino.
Me marcho, sin gritar…
Apagó mi vela,
